Caminando a la vera del río, en lo que antes era el paso a una gravera abandonada, donde la vegetación ganaba año a año terreno al pedregal, vi la cabeza de un elefante.
No es raro que los árboles, al igual que las nubes, conformen perfiles que nos recuerdan seres fantásticos o comunes.
Es el caso.
En este caso la asombrosa cabeza de elefante era el pie seco, es decir la parte inferior del tronco de un árbol, posiblemente de un eucalipto que había sido arrancado de su lugar de vida, quien jugaba con mi fantasía.
Pues Paloma yo apostaria por elefante, sin duda, saludos
ResponderEliminarYo voy a mitad, a ratos uno, a ratos otro, Gracias por tu visita, saludos
ResponderEliminarHola, Paloma. Hacía días que no visitaba su blog. Hoy, viendo «la cabeza de elefante», parece que un hada te guíe para encontrar semejantes parecidos.
ResponderEliminarBueno, muchos aludos, y abrazos muy fuertes y un respetuoso beso de Tantalillo. Cuídate mucho.
La naturaleza es asombrosa, curiosa imagen Paloma. Besos
ResponderEliminarGracias Tantalillo, como siempre es un honor para mi que me regales tu tiempo tan comprometido y escaso en estos momentos. Ánimo.
ResponderEliminarSaludos
Hola Gema, me alegro que compartas una vez más, el asombro que sentimos por las mil y una formas en que la naturaleza nos regala todos los días, por ella, la vida, realmente es bella.
ResponderEliminarSaludos con todo mi cariño.